Que ninguno se pierda

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Que ninguno se pierda

Tu sed, mi sed

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Prólogo a los Ejercicios

Hay cartas que, al leerlas, se van adentrando mansamente y se entrañan, porque no son meras letras impresas, sino palabras vivas que conmueven porque han sido escritas con la propia vida, y provocan una quietud en el corazón que se hace casi sólida, como se hace sólida en el interior la última vibración de una campana que ha estado largo tiempo repicando...